Connect with us


Reportajes

Dialogando con Rafael Roncagliolo

Catedrático, escritor, periodista y sociólogo, el excanciller de la República, Rafael Roncagliolo Orbegoso, analiza con extraordinaria docencia la realidad internacional.

Publicado

en

La revista EMBAJADOR tuvo la oportunidad de conversar con el excanciller Rafael Roncagliolo, quien nos brindó su punto de vista sobre la política exterior de Estados Unidos, las recientes elecciones en Colombia y México, el aún pendiente proceso de democratización de Venezuela y otros temas de actualidad.

¿Cuál es su opinión sobre la política exterior del presidente norteamericano, Donald Trump?

Es una política de regreso al viejo aislacionismo de los Estados Unidos. George Washington decía en su testamento: “Nosotros estamos divididos del mundo por dos mares, no tenemos que meternos en los problemas de otros”.

Estados Unidos sigue siendo el país más importante del mundo político, militar y económico; menos que antes, pero sigue siendo el número uno. Sin embargo, esta política lo está llevando a distanciarse de sus interlocutores de siempre: de Europa, en donde se construyó la Alianza Atlántica; de la Cuenca del Pacífico, abandona el TPP; entra en competencia con China. Y de América Latina también porque esa política de derechos humanos y esta manera de tratar a los mexicanos, es un maltrato a toda la región. Como dije es un regreso al aislacionismo parcial, innecesario y no pedido.

A diferencia de la política de Obama, Trump muestra un mayor acercamiento con Rusia. ¿Esto es beneficioso o decisivo para la política internacional actual?

No me parece decisivo. Rusia va a jugar un papel importante en el futuro; pero ese acercamiento es coyuntural, así como el actual distanciamiento con Europa. Tanto Merkel como Macron declaran, por ejemplo, que ya no pueden confiar la seguridad de sus países a Estados Unidos, como lo fue desde la guerra.

De alguna manera los europeos van a tener también que entenderse con Rusia, que ya no representa la amenaza del pasado. Como dijo un exprimer ministro de Italia, Enrico Letta: “Los europeos no podemos tratar a Rusia como un enemigo”. Estamos en otra época. Lo más decisivo en la política internacional son las relaciones de Estados Unidos con los grandes actores, como Europa, China e India, que serán las tres grandes potencias económicas en treinta años.

¿Entonces podemos olvidarnos del bipolarismo?

Desde la caída del Muro de Berlín el mundo ya no está dividido entre los poderes de Estados Unidos y la Unión Soviética, que además ya no existe. Eso acabó.

A pesar de que Putin aspira a recuperar la política imperial, que viene desde Pedro “El Grande” y que no se interrumpió durante la época soviética, Rusia ya no es el otro polo frente a Estados Unidos.

Sin embargo, ha surgido la Organización de Cooperación de Shanghái, foro defensivo en cierta forma, al que pertenecen Rusia, China y otros países asiáticos, al que han ingresado juntos India y Pakistán, que siempre habían sido rivales. Además están como observadores Irán y Turquía, que ya se cansó de esperar su ingreso a la Unión Europea. El mundo bipolar se ha acabado, estamos en un mundo multipolar.

¿Qué piensa sobre la última cumbre Estados Unidos-Corea del Norte?

Me parece positiva la desnuclearización de Corea y que en el futuro Estados Unidos pueda ayudar a la economía coreana. Y mejor si en el largo plazo se pueda llegar a la reunificación de Corea, que aún no está en la agenda. Es el único país que queda dividido después de la guerra: Alemania y Yemén se unieron.

Nuevas elecciones, nuevos rumbos

Luego de las elecciones de México y Colombia, ¿hay un nuevo escenario en América Latina?

Siempre hay un nuevo escenario en América Latina. Siempre decimos: “Y ahora se giró hacia la izquierda y ahora se giró a la derecha…”.

Fueron dos elecciones muy importantes: en Colombia, por primera vez, hubo una polarización entre centro-derecha y centro-izquierda, porque ni Duque es la extrema derecha, ni Petro la extrema izquierda. La democracia siempre funciona evitando los extremos. Ello es muy saludable para Colombia.

Con respecto a México, tiene que asumir una posición frente a todo lo que le está haciendo el Gobierno de Estados Unidos en este momento. Lo que hay que esperar es que López Obrador sea un político responsable, como lo fue en el Distrito Federal.

Esperemos que México se acerque más a América Latina, porque siempre ha vivido esa tensión entre su frontera norte y su frontera sur. México no puede enfrentarse a los Estados Unidos, que se quedó con la mitad de su territorio en el siglo XIX, y tampoco debe distanciarse de América Latina.

Integración latinoamericana en crisis

¿Cómo ve el futuro de la Comunidad Andina, Unasur, Celac? ¿Sería mejor darle mayor fuerza a la OEA?

Todos los esfuerzos de integración latinoamericana, sin excepción, están en crisis. En el caso de Venezuela no se ha podido hacer nada. Ojalá se pueda hacer algo frente a Nicaragua. Hay una crisis de las instituciones en general, que creo que será pasajera.

Hoy más que nunca —como dice un informe de la Cepal sobre las relaciones entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur— debemos actuar juntos. Es un mundo de bloques, los fracasos no son para abandonarse o para creer que es imposible. Hay que buscar formas realistas para avanzar en una acción conjunta. Esto corresponde a un viejo ideal de unidad latinoamericana que empezó en Lima, cuando Bolívar convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá; y durante la época de Castilla fue el Perú el gran promotor de las conferencias de unidad. Este objetivo no hay que abandonarlo.

La OEA tiene su razón de ser, su importancia, indudablemente. Ahí se puede producir un gran diálogo con Estados Unidos, pero también tiene sus limitaciones. Cuando los europeos, árabes, africanos o asiáticos quieren reunirse con América Latina, no lo hacen con la OEA, porque aquí pesa Estados Unidos; lo hacen con Celac o con Unasur. Hace falta un espacio Latinoamericano, no contra el espacio panamericano, sino al lado.

¿Es conveniente seguir con la política del garrote con Venezuela y no intentar un acercamiento?

Es una pregunta muy difícil. Creo que hay que condenar al régimen de Maduro y hacer todo, desde la comunidad internacional, para concretar un régimen democrático en Venezuela. Apoyo esos esfuerzos decisivamente. Al mismo tiempo, Venezuela es como una piedra en el zapato para América Latina, porque la existencia de estos dos regímenes —con Nicaragua— es un obstáculo para la unidad, Y porque, por otro lado, los factores internacionales, nunca pueden sustituir a los factores internos. Entonces la comunidad internacional sola no puede producir la democratización de Venezuela, a menos que se esté pensando en una invasión militar. También creo que los problemas internos y de la oposición venezolana son muy graves. Hay una cierta impotencia frente a Venezuela, que tampoco debe llevarnos a la resignación. Hay que buscar con imaginación cuáles son los instrumentos útiles para contribuir a la democratización de Venezuela. Es una situación muy compleja. Hay que seguir presionando por la democracia en Venezuela.

¿Eso sería una forma de intervencionismo prohibido por el derecho internacional?

No, porque también las normas internacionales han cambiado a través del tiempo. Al comienzo de la existencia de los estados, en el siglo XVII, la no intervención era el principio fundamental único. Yo sigo defendiendo este principio. Pero ahora hay ciertos valores que ya no son competencia exclusiva del Estado nacional, como los derechos humanos y la democracia; y a la vez hay que buscar la manera legítima de presionar, sin intervenir. La no intervención siguen siendo válida, pero también son válidos estos consensos internacionales sobre el mercado libre, la democracia o los derechos humanos.

Seguridad mundial, Siria y España

Sobre los nuevos actores en la comunidad internacional. ¿Es viable que el Consejo de Seguridad de la ONU se amplíe a diez miembros permanentes?

Es una aspiración desde que nació Naciones Unidas. Roosevelt proporcionó, inspirándose en el Congreso de Viena de 1812, la idea de que debería haber cuatro policías, que era el Consejo de Seguridad: Estados Unidos, China, Reino Unido y la Unión Soviética. Los británicos agregaron a Francia. Ahí están los cinco policías. Esa realidad de 1945 no corresponde al mundo de hoy.

Ya no son estos cinco países los que dominan el mundo. Hoy día las potencias emergentes —como India, Brasil y Turquía— empiezan a ser más poderosas.

Las Naciones Unidas también están afectadas por el profundo cuestionamiento al multilateralismo que está auspiciando Estados Unidos, en apoyo al bilateralismo y la disminución del peso de los organismos multilaterales.

¿Qué propone para la paz en Siria?

Occidente debe dejar de hacer guerras en el Medio Oriente. Los problemas que ocurren en Europa —terrorismo, xenofobia, migraciones— son creados por las guerras que Occidente prendió en Libia o Siria, etc. No hay que hacer guerras para que esos países puedan crecer. Cuando los norteamericanos se retiraron de Vietnam, este país empezó un extraordinario crecimiento. Los norteamericanos decían que si caía ese país, los demás del sudeste Asiático caían en dominó. Se fueron y ninguno cayó en manos de la URSS o China; al revés, son economías en gran despliegue. Entonces, hay que evitar las guerras.

¿Habrá cambios en la política de España?

Es un país lleno de sorpresas. Hace poco tiempo nadie daba un centavo por Pedro Sánchez, era un político desacreditado. Y ahora le está yendo muy bien. España es un socio muy importante para América Latina, por ejemplo para el Acuerdo Multipartes con la Unión Europa, para la eliminación de las visas, etc. Y creo que las líneas maestras de la política española seguirán siendo las mismas: por un lado su afirmación en Europa y por otro lado su relación con América Latina. No preveo cambios dramáticos.

Logros en la gestión de Roncagliolo

¿Cuál es su principal orgullo cuando estuvo frente a la cartera de Relaciones Exteriores?

Sin lugar a dudas el manejo de la relación con Chile durante el proceso de La Haya. Ambos países dimos un ejemplo de civilidad para América Latina.

¿Y el momento más difícil?

Probablemente cuando hubo un huaico en el norte de Chile, y las minas que había sembrado años atrás entraron a territorio peruano. En medio del proceso, Chile trató de afirmar la soberanía sobre esta zona peruana que Chile ha vuelto a reclamar. Y había que buscar una solución, y la encontramos. Esta le impedía decir a Chile que ejercía soberanía sobre esos metros cuadrados, pero tampoco permitía al Perú demostrar que la ejercía. Se propuso una fórmula en la que ambos gobiernos encargaran a un tercer país el desminado. Se trató de una empresa de Noruega, que inicialmente no fue aceptada por Chile; y a la vez teníamos encima la Cumbre de la Alianza del Pacífico en Antofagasta. Al parecer sus miembros y otros países más le hicieron ver a Chile que había que actuar racionalmente, y de repente Chile lo aceptó de buena fe.

Continue Reading
Dejar un comentario

Dejar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.

Síguenos