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columna

Gran aporte de Perú a la independencia de México

El embajador de México, Víctor Hugo Morales, nos ilustra sobre el peruano Fray Melchor de Talamantes, una figura poco conocida, que contribuyó al proceso de independencia de México.

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Embajador de México, Víctor Hugo Morales.

La Embajada de México en el Perú inicia su aportación a las celebraciones del Bicentenario de la Independencia del Perú y de México, en el 2021.

Fray Melchor de Talamantes es casi un desconocido en México y en el Perú; sin embargo, es tal su aportación al proceso independentista de mi país, que su nombre está grabado de manera indeleble en la Columna del Ángel de la Independencia, en la principal avenida de México, el Paseo de la Reforma.

México tiene una deuda con Fray Melchor de Talamantes y la mejor forma de honrarlo es mantener viva la herencia libertaria que nos legó.

Uno de mis compromisos como embajador de México, es dar a conocer la vida, la obra y la aportación independentista de este peruano ejemplar; que el Perú se sienta orgulloso de haber dado al mundo un pensador de la talla de este fraile mercedario.

Las ideas pueden ser más potentes que las armas. Talamantes fue un pensador, un ilustrado, un hombre de ideas. Fue el precursor, de hecho, uno de los grandes ideólogos del movimiento de 1808, que sentaría las bases para la independencia del Virreinato de la Nueva España, valga decir, de México.

¿Pero, qué hacía un fraile peruano en territorio novohispano? ¿Por qué comprometió su libertad y vida a favor de lo que posteriormente sería México? Espero que podamos responder estas preguntas.

El corso y la invasión a España

Situémonos en el tiempo. Napoleón Bonaparte invadió el reino de España en marzo de 1808 al mando de 28 000 soldados, ante lo cual, el día 19, Carlos IV optó por abdicar a favor de su hijo Fernando. Pero el corso ambicionaba todo el poder, por ello obligó a la familia real a cederle la corona, misma que entregaría posteriormente a su hermano mayor, José, el célebre “Pepe Botella”.

El asunto no era menor. Se trataba de definir sobre quién radicaba la soberanía del reino y, en ese caso, si las colonias pasaban a formar parte del poder francés. De este lado del océano y como acto reflejo de lo que acontecía en varias localidades de España, se fueron estableciendo juntas para analizar la situación y debatir el rumbo a seguir ante la ausencia del soberano español.

Al conocerse la noticia de la ocupación francesa, se generó en la Nueva España —y en gran parte de Hispanoamérica— un ánimo antinapoleónico y de condena a la ocupación.

Sin embargo, también se produjo un disyuntiva, por una parte estaba el bando a favor de los intereses españoles representado por la Real Audiencia, la cual consideraba que el gobierno de la Nueva España no debía sufrir alteración alguna y regirse  por lo que dispusieran las juntas peninsulares; por otro, estaban los intereses criollos, particularmente representados en el Ayuntamiento de la Ciudad de México, que estimaban que el Virreinato debía regirse por una Junta similar a las establecidas en España.

La iniciativa del Ayuntamiento de la Ciudad de México no prosperó y sus promotores fueron apresados, en tanto que la Real Audiencia depuso al Virrey José Iturrigaray.

Este es el contexto histórico en el que entra en escena Fray Melchor de Talamantes, el primer y más ilustrado ideólogo de la independencia de México, su protomártir, así lo han definido algunos historiadores de su legado y así de importante fue.

Así fue su vida

Melchor de Talamantes Salvador y Baeza nació el 10 de enero de 1765 en Lima, en el entonces Virreinato del Perú, hijo de valenciano y de limeña; tomó los hábitos a los 14 años en la orden religiosa de Nuestra Señora de la Merced, una de las más importantes del siglo XVIII en Perú y también en la Nueva España, lo que le permitió estudiar filosofía y teología en el Colegio San Pedro Nolasco; sería ordenado sacerdote a los 24 años.

Solo tres años después fue nombrado Regente Mayor de Estudios del Convento Grande de la Merced. Su apego al estudio lo llevó a obtener el grado de doctor en teología en la célebre Universidad de San Marcos, alma mater del ilustre peruano, donde llegaría a impartir varias cátedras. Es de destacar que los estudios de Talamantes transcurrieron entre la escolástica tradicional y los nuevos enfoques filosóficos, lo que le daría una visión amplia de la vida. Llegará a ser, rápidamente, examinador sinodal del Arzobispado del Perú.

Su formación y talento debieron haber sido muy sobresalientes, tanto que, siendo religioso, el Virrey Francisco Gil de Taboada lo incorpora como funcionario de la oficina virreinal para aconsejarle en asuntos reservados, cuando solo tenía 28 años.

Existe la hipótesis de que dada su condición de criollo y estando sujeto a una orden eclesiástica se sentía restringido en su potencial, por ello en 1796 solicitó su secularización, lo que le fue negado. Ante ello, planteó ser enviado a España para participar en el Capítulo General de la Orden Mercedaria, solicitud que le fue concedida en 1798.

Gran talento intelectual

Pero su afán de llegar a España se vio dificultado por la guerra Anglo-española iniciada en 1796, que restringía los viajes transoceánicos. A pesar de ello, decidió emprender su camino a la Metrópoli, con escala en la Nueva España, por lo que un año más tarde, llegó al Puerto de Acapulco, era noviembre de 1799, y contaba con 34 años.

De ahí continuó a la Ciudad de México. Como no podía ser de otra manera, se hospedó en el convento de La Merced, en espera de que concluyera la guerra, que se prolongó hasta 1802. Esos tres años le cambiaron su destino, decidió radicar definitivamente en el virreinato novohispano.

Por su inteligencia y preparación, Fray Melchor se posicionó rápidamente en la sociedad novohispana. Con el talante político adquirido en los altos círculos limeños, comenzó a figurar en actos públicos de relieve, tanto pronunciando como replicando sermones y siendo activo en tertulias literarias.

Tres textos le abrieron las puertas entre la intelectualidad criolla novohispana. A pocos meses de haber llegado, en marzo de 1800, pronunció en la capilla mayor del palacio del Virrey un “Sermón político-moral”; en 1802 el “Panegírico de la gloriosa Virgen y Doctora Santa Teresa de Jesús” y la “Oración Fúnebre” al año siguiente.

Es evidente, por tanto, que Talamantes fue construyendo, desde su arribo, relaciones en los principales círculos sociales y políticos de la Ciudad de México, por lo que sus ideas eran escuchadas y podían calar hondo entre sus interlocutores. Su talento intelectual y su capacidad de interactuar con el poder, sin embargo, iban en contracorriente de los estándares de vida de la orden de la Merced.

Fijador de límites

Su fama de hombre ilustrado no pasó desapercibida. De hecho, en 1807 se convertiría en el principal comisionado del Virrey de la Nueva España, para reunir y ordenar los documentos que permitieran definir los límites ente Texas y la Luisiana.

El Virreinato de la Nueva España, hacia el norte ocupaba una parte muy importante de lo que ahora es Estados Unidos. En esa relevante labor de definición de límites del Virreinato estaba este sabio peruano cuando ocurrieron los acontecimientos de marzo de 1808 en la metrópoli; el hecho le causó tal conmoción que, desde el 14 de julio cuando llegaron las primeras noticias de lo sucedido, abandonó sus tareas sobre los límites y se dedicó a reflexionar y escribir sobre la situación prevaleciente, no sin antes concluir un documento denominado “Plan de límites de Texas y demás dominios de Su Majestad en la América septentrional española”, en el que de manera premonitoria señaló lo que acontecería con esas tierras solo tres décadas más tarde:

Es de muy temer que los ingleses, que no conocen límites en su ambición y mala fe, tampoco quieran conocerlos en sus posesiones y que si la España no se aprovecha prontamente de las proposiciones que se le presentan se vea despojada con el tiempo de la provincia de Texas, abriendo las puertas de sus preciosos dominios a unos vecinos inquietos, turbulentos y demasiado formidables por sus miras ambiciosas.

Lo relevante para el caso de Talamantes, como precursor de la independencia de México es que interpretó con claridad los alcances para los virreinatos de los acontecimientos en la península, por lo que emprendió una ardua tarea de propagación de sus ideas y escritos, con un fuerte sentido libertario, con los cuales sentó las bases jurídico-políticas de lo que sería la emancipación de la Nueva España.

Trece días después del arribo de las noticias sobre lo acontecido en la península, Fray Melchor, con el seudónimo de Toribio Marcelino Fardanay firmaba el texto “Congreso Nacional del Reyno de Nueva España. Expónese brevemente los graves motivos de su urgente celebración, el modo de convocarlos, individuos que deben componerlo, y asuntos de sus deliberaciones”, dedicado al Ayuntamiento de la Ciudad de México.

Un adelantado a favor de la independencia

En tanto que con el seudónimo de Yrsa, verdadero patriota, firmó el escrito Representación Nacional de las Colonias, discurso filosófico, dedicado también al Ayuntamiento de la Ciudad de México y fechado un mes más tarde, el 25 de agosto. Además destacan Advertencias reservadas a los habitantes de la Nueva España y los Apuntes para el Plan de Independencia. Cuatro escritos fundamentales que forman parte del pensamiento libertario de México.

A diferencia de las posiciones prevalecientes en torno al respaldo a Fernando VII, como soberano de España y sus reinos, Talamantes dio un paso adicional y habló -desde el primer momento- de independencia.

En el escrito Advertencias reservadas a los habitantes de la Nueva España señala, “aproximándose ya el tiempo de la independencia de este reino, debe procurarse que el congreso que se forme lleve en sí mismo, sin que pueda percibirse de los inadvertidos, las semillas de esa independencia sólida, durable y que pueda sostenerse sin dificultad y sin efusión de sangre”. Talamantes es, por tanto, un adelantado, un hombre de ideas y un  independentista, por la vía pacífica.

En línea con esa posición, en un afán de sembrar la semilla de pensamiento libertario y, me parece, de dotar a la Nueva España del sentimiento de autosuficiencia y capacidad nacional, en el discurso filosófico Representación Nacional, entendida como soberanía, Talamantes identifica las doce causas por las cuales una colonia puede separarse lícitamente de su metrópoli:

  1. Cuando las colonias se bastan a sí mismas;
  2. Cuando las colonias son iguales o más poderosas que sus metrópolis;
  3. Cuando las colonias difícilmente pueden ser gobernadas por sus metrópolis;
  4. Cuando el simple gobierno de la metrópoli es incompatible con el bien general de la colonia;
  5. Cuando las metrópolis son opresoras de sus colonias;
  6. Cuando la metrópoli ha adoptado otra constitución política;
  7. Cuando las primeras provincias que forman el cuerpo principal de la metrópoli se hacen independientes;
  8. Cuando la metrópoli se sometiera voluntariamente a una dominación extranjera;
  9. Cuando la metrópoli fuese subyugada por otra nación;
  10. Cuando la metrópoli ha mudado de religión;
  11. Cuando amenaza en la metrópoli mutación del sistema religioso; y,
  12. Cuando la separación de la metrópoli es exigida por el clamor general de los habitantes de la colonia.

Erudito y primer constitucionalista de México

Estas causas, habría que decirlo, estaban presentes en la Nueva España en el convulso año de 1808. Sin duda que en su enumeración, Talamantes se muestra como un conocedor de historia, de filosofía y de ciencia política.

Esas causas que Talamantes identifica, lo llevaron a concluir en el escrito Congreso Nacional lo siguiente: “revístese al Reino de la Nueva España de aquel carácter de dignidad, grandeza y elevación que debía hacerlo respetable entre las naciones cultas e independientes de América y Europa”.

Talamantes piensa en toda América hispana, en la necesidad de tomar para sí la soberanía ante la situación de sometimiento en que se encontraba la metrópoli.

1808 es un año toral en la historia de Hispanoamérica, un año de tensiones, de crisis y de inercias. Destaca en ese ambiente la prudencia con inteligencia de Talamantes, su moderación con audacia, su capacidad para mediar entre la tradición del dominio colonial y lo nuevo que se avecinaba con la independencia.

En sus dos principales textos, La Representación Nacional y El Congreso Nacional, incide un tema elevado y esencial para la libertad de una nación, la soberanía. Ésta, como eje esencial de la organización del Estado y del pensamiento político, debía abordarla –como he indicado- con la mesura que implicaba pasar de la idea tradicional de que la misma recaía por designio divino en el monarca –valga decir, el soberano- a la determinación de que el pueblo es, en realidad, el soberano originario.

Para el Dr. Juan Pablo Pampillo la obra talamantina El Congreso Nacional puede considerarse como precursora del constitucionalismo hispanoamericano; de hecho, el Dr. Pamplillo titula uno de sus libros sobre Talamantes como El Primer Constitucionalista de México. Es una tesis apasionante, puesta a disposición de quien desee adentrarse en el estudio de la obra del fraile mercedario. Es esta una de las invitaciones que hago en esta conferencia, que tanto en México como en el Perú se continúe y profundice la investigación histórica de la vida y obra del Fray Melchor.

El texto titulado Congreso Nacional contiene un proyecto integral de organización política y jurídica para el México independiente, también explica las razones por las cuales sugiere determinadas medidas que deben tomarse y convocatorias que deben hacerse.

La obra Representación Nacional es, en el fondo, un estudio y una propuesta sobre la soberanía; Talamantes podría haber elegido ese título para no suscitar mayores reacciones, pero el análisis es concluyente, soberanía y representación nacional vienen a ser sinónimos.

Juzgado y apresado por sus ideas

La obra de Fray Melchor escrita en 1808, es resultado –como indica en la introducción del Congreso Nacional- de mucho tiempo de  estudio y meditación; catapultado por la invasión napoleónica en la metrópoli, “comenzaron a bullir en mi imaginación mil ideas conducentes a la salud de la Patria y seguridad del Reino” (entendido como el reino de la Nueva España).

La causa criolla, impulsada desde el Ayuntamiento de la Ciudad de México no prosperó. La Real Audiencia maniobró la destitución del Virrey, éste proclive al movimiento impulsado por los criollos, pero dubitativo, era 16 de septiembre del año de 1808; a la destitución de Iturrigaray  le siguió la detención de connotados miembros del Ayuntamiento, también del fraile limeño identificado como ideólogo de la posición criolla.

Luego de más de 20 diligencias y 120 cargos “por sospechas de infidelidad al Rey de España y su adhesión a las doctrinas de la independencia de México”, Talamantes es declarado Reo de haber perturbado la tranquilidad pública induciendo a la independencia… solicitaba con cuantos medios pendían de su arbitrio la celebración de un Congreso Nacional de Nueva España para preconizarla independiente de la antigua.

El hecho de haber sido acusado y juzgado por sus ideas que, como hemos visto, estaban escritas, permite tener claridad de las referencias intelectuales de las que abrevó Talamantes. Durante el proceso, su biblioteca fue revisada e inventariada, por lo que existe plena claridad de las fuentes sobre las que basó su pensamiento. Además de literatura religiosa, normal para un fraile mercedario, contaba con libros de literatura, obras en español y latín, lo que parece lógico, pero también en inglés y francés; de economía, física, geografía, medicina y, desde luego política y derecho. Era, como puede verse, un enciclopedista.

Cinco meses más tarde de su aprehensión, en el mes de marzo de 1809, Talamantes  fue sentenciado, con la decisión de ser traslado a España, para que en la metrópoli se determinara lo conveniente. Era, sin embargo, una condena a muerte en territorio novohispano, dado que se dispuso su traslado a San Juan de Ulúa, del que podríamos ahora ver una imagen actual. El fuerte de San Juan de Ulúa se localiza frente al puerto de Veracruz, en el Golfo de México, ahora es un atractivo turístico construido en el Siglo Dieciséis en una isla.

El argumento para dicho traslado era que Talamantes debía esperar un barco que lo transportaría a España, nave que nunca llegó. El fuerte estaba invadido por una epidemia de fiebre amarilla y era un hecho conocido por las autoridades novohispanas. El contagio era inevitable para el fraile mercedario, recluido en una celda bajo el nivel del mar.

El viernes último, la embajada del Perú en México difundió en redes una imagen de la Causa contra Talamantes, a la que acompañaron con un texto que dice “hoy recordamos el fallecimiento del Fray Melchor de Talamantes”, es decir el 9 de octubre, e instituciones como la UNAM también se refieren a la misma fecha; sin embargo, hay también una opinión ampliamente difundida de que falleció el 9 de mayo de 1809, a los 44 años, lo que implicaría que no habría durado ni un mes preso en las mazmorras húmedas de San Juan de Ulúa, se habría contagiado de inmediato y muerto. La muerte de Fray Melchor es una tarea más para los historiadores, como labor pendiente está también definir el destino final de sus restos.

¿Por qué cayó en el olvido el fraile Talamantes? Quizás se deba a la fuerza de sus planteamientos. Su pensamiento fue audaz al plantear, en el muy temprano 1808, la vía de la independencia, pero se movía en un contexto de fuerte hostilidad hacia quienes iban contra el orden establecido. Talamantes supo, con inteligencia y pragmatismo, crear una alternativa libertaria, a través del pensamiento.

En julio y agosto de 1808 difundió sus ideas y planteamientos, hay pruebas de ello, tanto con transcripción de sus textos como en su participación en múltiples tertulias. Al analizar el posicionamiento que tuvo el Ayuntamiento de la Ciudad de México ante los hechos de ese año, resulta reveladora la influencia talamantina, así lo constató Monseñor Severo Aparicio Quispe, quien fuera obispo de Cuzco y uno de los estudiosos de la obra de Fray Melchor, al realizar una comparación ente el Congreso Nacional de Talamantes y los planteamientos del Ayuntamiento de la Ciudad de México al Virrey Iturrigaray.

Talamantes pretendía la ruptura del orden colonial, pero en el marco institucional, una transición a la independencia, como lo cité antes, sin que pudiera ser advertida de los inadvertidos y sin derramamiento de sangre.

En los doce casos en que las colonias pueden separarse legítimamente de sus metrópolis, se constata el cumplimiento de las premisas por parte de la Nueva España; en consecuencia, estando las condiciones dadas, solo se requería prudentemente conducir el proceso libertario a través de los cauces institucionales y legales, para que la representación nacional -valga decir, la soberanía- se concretara vía un Congreso Nacional, conducido por el virrey de la mano de la Audiencia y el Ayuntamiento, lo que evitaría el enfrentamiento armado, estimado innecesario, y la ruptura institucional que llevaría al caos.

La destitución del virrey, la pretensión de mantener a toda costa el statu quo, la prisión de los líderes e ideólogos del Ayuntamiento, incluido Talamantes, derivaría dos años más tarde en un movimiento militar por la independencia, levantamiento que duraría 11 años y concluiría el 27 de septiembre de 1821.

Estamos por tanto ad portas de conmemorar el bicentenario de la consumación de la independencia de México. Sobre este peruano ejemplar, pueden ustedes constatarlo, aún hay mucho que indagar, reflexionar y analizar. Que una de nuestras aportaciones a la celebración de este doble bicentenario en el 2021 sea la ocasión para fomentar el estudio de la vida y legado de Fray Melchor de Talamantes, traigamos a algún experto para que nos dé más luces sobre el fraile mercedario.

Por todo ello, por su contribución al sentimiento de que México poseía los atributos para ser una nación libre, por su aportación al crear las bases ideológicas a favor de la independencia, rescatemos del olvido a Talamantes.

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