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columna

La presencia africana en el Perú

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Eduardo Arroyo Laguna, doctor en Ciencia Política y Relaciones Internacionales

Hablar de África es referirse a la cuna de la humanidad, a los primeros homínidos que han sido encontrados en el corazón de dicho continente. Influenciados por su antigüedad, todos llevamos en nuestro ADN elementos de la herencia africana. En un sentido amplio, todos somos afrodescendientes.

Los tiempos antiguos recuerdan en el África norte una gran movilización árabe hacia el oeste, dejando huellas de su cultura, religión y lenguaje en los países del África noroccidental, bañados por el Mar Mediterráneo, y en los países del Medio Oriente. Se arabizaron esos territorios y asumieron la religión islámica. Esa expansión abarcó parte de Europa. Los reinos de la Península Ibérica cayeron sojuzgados por la influencia musulmana durante ocho siglos.

Herencia en América

Los invasores europeos que llegaron a América del Sur y Central nos trajeron esa heredad, la que se instaló en nuestros genes y cultura. Nos lo recuerda el lenguaje, siendo casi todas las palabras que empiezan con “al” de origen árabe, en conjunto unos 1,500 vocablos.

Hemos adquirido muchos condimentos para las comidas y dulces. De igual manera grandes inventos: álgebra, matemáticas, astronomía, ajedrez, arte, diseño; así como la ojiva y el arco de medio punto, característicos del arte mudéjar.

Pero la otra África también llegó a América Latina y el Caribe, solo que esclavizada. Se les negaba su condición de personas privándoles de la libertad, igualdad y maltratándoles hasta la saciedad. Fueron cosificados; es decir, considerados como objetos. La renta en trabajo es la más arcaica en la historia de la humanidad y condena al esclavo a trabajar a tiempo completo, negándole su esencia humana.

Situación peruana

Los ibéricos establecieron un “Perú de españoles”, considerado superior, y un “Perú de indios”, considerado inferior. Una oposición que se constituirá en la demarcación sustantiva del virreinato. A nuestros antepasados se los consideró como semihumanos y a los afrodescendientes se les ubicó en una escala más baja.

A partir de entonces, en la forja de la identidad peruana están presentes múltiples sectores; cerca de 63 nacionalidades, 54 familias lingüísticas y tres grandes naciones: quechuas, aymaras y criollo-mestizos. El andino es un contingente social básico en la conformación de la peruanidad, de igual manera el amazónico y lo criollo-mestizo.

Los antiguos peruanos datan de unos 20,000 años antes de nuestra era. Las posteriores culturas preincaicas avanzan altos grados de desarrollo humano. La civilización inca tiene hegemonía en el territorio nacional entre 1432 d. C. y 1532 d. C. Nuestro imperio con 15 millones de personas en 1525, no pasaba de 1.5 millones de habitantes en 1571, con Toledo.

Esta caída demográfica extrema fue muy destructiva en la costa. Algunos historiadores la atribuyen a la tríada trabajo-dieta- epidemia, predominando el contagio letal de enfermedades traídas del Viejo Mundo. Y cuando faltaron trabajadores trajeron a los africanos, quienes no pudieron soportar los climas fríos de la sierra y se aclimataron al litoral.

Parte de la historia

José Carlos Mariátegui señala que “el negro fue dedicado al servicio doméstico y a los oficios. El blanco se mezcló fácilmente con el negro, produciendo este mestizaje, uno de los tipos de población costeña con características de mayor adhesión a lo español y mayor resistencia a lo indígena…”.

Por su parte, Luis Eduardo Valcárcel afirma que “el negro que arribó al Perú con Pizarro fue siempre esclavo, hasta su liberación hace apenas cien años. El tráfico esclavista mantuvo un fluir ininterrumpido de piezas de ébano. Las numerosas poblaciones de indios se extinguieron como natural consecuencia. A reemplazarla vinieron los negros, simples cosas, introduciéndose, con su secuela trágica, el régimen esclavista. Si los indígenas en la sierra vivían en servidumbre feudal, los negros en la costa recordaban las ergástulas griegas y romanas…”.

Los negros fueron carne de cañón y estuvieron del lado de los caudillos reales o de los rebeldes enfrentados al rey. Es un africano el que decapita en Añaquito al virrey Blasco Núñez de Vela. Posteriormente, participaron en las guerras de Túpac Amaru y en las guerras independentistas.

Llegaron varios tipos de africanos negros a nuestro país, y al perderse el recuerdo de su verdadero nombre africano se los apellidaba por su origen tribal: mandingas, congos, cabo verdes, angolas, carabalíes, zapes, aras, folupos, pigmeos, etc.

La esclavitud permitió una fuerza de trabajo gratuita. Lima se convirtió en una ciudad de negros, mulatos —hijo de negra con español— y zambos —hijo de negra con indio—.

En nuestras bases culturales, cabalga un José María Arguedas con un Nicomedes Santa Cruz y un Ballumbrosio porque, como decía don Ricardo Palma, en el Perú quien no tiene de inga tiene de mandinga.

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