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Protectores del Papa: La Guardia Suiza

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Hay un heroico batallón militar que protege al Sumo Pontífice desde el año 1506. Fue fundado por el Papa Julio II y cuenta la leyenda que su vistoso uniforme, de los colores de la famosa familia medieval Médici, fue diseñado por Miguel Ángel.

En la Edad Media los suizos eran los mejores soldados mercenarios del mundo. Reputados como invencibles, ante la convulsión de la época, el Papa decidió poner en sus manos la protección de su vida. El 21 enero de 1506 se funda la guardia suiza en el Vaticano. La ceremonia de juramentación de los nuevos guardias suizos es cada 6 de mayo, día solemne en el que se celebra el aniversario de la defensa heroica del Papa Clemente VII por parte de los Guardias Suizos. Murieron 147 de ellos durante el saqueo de Roma por parte de las tropas de Carlos V, en 1527.
Hoy, al margen de sus atuendos —entre los más antiguos del mundo— llevan armas medievales —espada y alabarda—, que usan con destreza. Vestidos de civiles, llevan armas automáticas guiadas por láser, y su entrenamiento antiterrorista se compara con el de los mejores comandos del mundo.
Tuvimos la excepcional oportunidad de conversar con uno de ellos, el sargento mayor Christian Richard, autor del libro La Guardia Svizzera Pontificia nel corso dei secoli, en el que cuenta sus más de 500 años de historia.
Richard tenía solo once años cuando vio por televisión el atentado del turco Alí Agca al entonces Papa Juan Pablo II, el 13 de mayo de 1981. Le afectó tanto que se propuso defenderlo. Cristalizó su sueño ingresando a la Guardia Suiza en 1993, y fue parte de ella por quince años.
“Fue todo un privilegio cuidar al representante de Dios en la Tierra —confiesa el exmilitar—. Fue una experiencia única y rica en enseñanzas. Un gran honor haber tenido la oportunidad de vivir cerca del Santo Padre; primero con Juan Pablo II durante doce años, y después con
Benedicto XVI”. Nos cuenta cómo es un día del Guardia Suizo en El Vaticano: “El servicio es dividido en grupos de tres días —este ritmo no es cambiado desde el siglo XVIII—: dos días de servicio y un día libre. Los días de servicio, los guardias desarrollan varias tareas de control en las entradas y en el Palacio Apostólico”.
“El día libre —agrega— es utilizado para los servicios particulares como las audiencias generales de los miércoles, las misas del Santo Padre o las constantes visitas de los embajadores, ministros o jefes de Estado.
Esos días los utilizamos para adiestrarnos y ejercitarnos, para mantener y mejorar el conocimiento del servicio. Al principio, un joven guardia recibe unos mil euros de sueldo”.

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