Connect with us


Reportajes

Una mirada analítica a los gobiernos de la región

Luis Nunes hace una evaluación de la situación político-social de algunos países de América Latina, y considera que se trata de una cuestión multicausal.

Publicado

en

 

Luis Fernando Nunes, doctor en Ciencias Políticas, internacionalista y exdirector del Centro Carter en Lima.

La revista EMBAJADOR conversó con el internacionalista y politólogo venezolano Luis Nunes, quien reside hace más de veinte años en el Perú. El especialista comentó que no hay una buena distribución de la riqueza en América Latina y que se necesita una renovación de la clase política.

 

¿Qué está pasando en Sudamérica? ¿Existe ese aire bolivariano del que se jacta Diosdado Cabello?

Es raro lo que diré para una revista que toca temas diplomáticos, pero quiero contradecir a Diosdado. Creo que no es una brisita, de vez en cuando puede ser una flatulencia. Un politólogo como yo debería ser políticamente correcto; sin embargo, me uno a mis colegas que dicen que América Latina cada diez, quince y hasta veinte años funciona como un péndulo.

 

¿Cómo es la manera de gobernar en la región? ¿Se necesita algún cambio?

El movimiento pendular funciona en Latinoamérica y hace referencia a que en distintas ocasiones llegan al poder grupos políticos socialistas —que muchas veces pretenden quedarse en el gobierno modificando la Constitución o pasando por encima de ella—, y luego hay otros grupos de corte de derecha neoliberal, que también toman el mando y están otros años. Así que considero que deberíamos revisar nuestros formatos.

Creo en una economía social de mercado con algo de liberal, en que el Estado no tiene que meterse en todo pero sí tener presencia en temas de educación y salud.

Chile se caracterizó por ser un país seguro, económicamente estable y propicio para inversiones. Nos sorprendió la extrema violencia…

Eso se debe a que en el fondo parece que los gobiernos chilenos, especialmente los de derecha, repartían solo un poquito de las riquezas. La propia esposa de Piñera dijo: “Vamos a tener que disminuir nuestros privilegios”. ¿Qué significa? Que existe mucha desigualdad y desproporción, que en su momento Pinochet supo controlar con militares, y que ahora explosionó.

 

El presidente Piñera hizo reformas, pero las manifestaciones han regresado. ¿No es ahora un tema político?

Creo que es una mezcla de cosas. Veíamos en la expresión corporal de Piñera que estaba pidiendo perdón al pueblo por obligación y no por convicción, y menos de corazón.

Además, las medidas que implementó son “comida para pajaritos”; les doy el doble de ración para que no molesten. Sobre el cambio de ministros, lo que hizo fue sacar a ocho “pitucos” para poner a otros ocho de la misma clase social.

Hay que sumarle los denominados lumpen, agitadores de la calle que quieren romper vitrinas o quemar centros comerciales, y que hay intereses de la flatulencia venezolana en crear confrontaciones en Chile o Ecuador. Por ello considero que es una cuestión multicausal y que el Gobierno debería liderar un reencuentro, pero no lo ha hecho.

¿Cree en un resurgimiento del problema o considera que ya se solucionó el tema en Ecuador?

No. El caso de Ecuador es como si viéramos a los bomberos apagar un incendio, van a tener que quedarse un tiempo más porque cualquier llama puede reavivar el asunto.

El país se ha desarrollado mucho, pero se ha exagerado en los programas sociales, llegando a alcanzar 41,000 millones de dólares en deuda externa. Como solución, el Gobierno dispuso de distintas medidas, pero el pueblo se rebeló. Actualmente la situación está en stand by y en cualquier momento la llama puede volverse incendio nuevamente.

¿Cuál es su interpretación de lo que está sucediendo en Bolivia?

Ese es un caso realmente alucinante. El presidente hace una consulta, la gente le dice que no y él inventa una “interpretación auténtica” para ser candidato nuevamente, alegando que es un derecho humano.

Basado en eso, es una jurisprudencia para cualquier otro país. Creo que también se ha hecho un daño irreparable a este mandato. Reconoce que vaya la OEA para hacer la auditoría, pero ya el Tribunal lo proclamó como presidente. Es decir, va a tener un mandato y si consigue terminarlo, lo hará con un lastre que es este daño irreparable: burlarse de las leyes y del pueblo. Situación similar vivió el Perú en el 2000.

Estos gobernantes entran con un ropaje democrático y luego se afincan en el mando. Están metidos en una vorágine, donde la corrupción y la ambición de poder los termina dominando y son prisioneros de sus ambiciones.

 

¿En qué situación se encuentra Argentina?

Macri recibió el gobierno con la caja fiscal en rojo. Cristina y su régimen le habían puesto subsidios a productos básicos como el gas, la electricidad y a los servicios públicos. Macri no lo divulgó y comenzó a incrementar las tarifas, a lo que el pueblo mostró su desaprobación.

Esto, más otros desaciertos, hicieron que no tenga un segundo mandato para hacer las reformas que Argentina necesita. Ahora tengo la impresión de que con Alberto Fernández el país volverá a tener programas populistas. Todavía no lo conocemos, pero vamos a ver si la señora Kirchner lo deja manejarse. Puede ser una apuesta a futuro.

Continue Reading
Dejar un comentario

Dejar un comentario

Su dirección de correo no se hará público.

Síguenos